¿Son los suelos saludables la solución a la crisis climática?

Cuando se habla del cambio climático, el dióxido de carbono, el carbono, el gas de efecto invernadero, o cualquier otro nombre que tenga, se presenta muchas veces como el enemigo. Para mitigar el calentamiento global, tenemos que reducir nuestras emisiones e incluso succionar el carbono de la atmósfera. Pero lo que a menudo se pasa por alto es que el carbono también es fundamental para la vida. Todos los seres vivos contienen carbono: las plantas, los animales e incluso tú, y tanto, pues es el 18% de tu peso corporal. Pero hoy hablaremos de un ecosistema que contiene aún más carbono: el suelo. 

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Por qué la salud del suelo importa

Si has leído nuestro último artículo sobre “Por qué la salud del suelo importa“, probablemente recuerdes que hay bastantes razones por las que invertir en la salud del suelo merece la pena; una es que los suelos sanos almacenan toneladas de carbono. En general, los suelos del mundo contienen unas 2.500 gigatoneladas de carbono, lo que supone más de tres veces la cantidad de carbono de la atmósfera y cuatro veces la cantidad almacenada en todas las plantas y animales. Dicho esto, parece evidente que los suelos pueden ayudar a mitigar el cambio climático, pero ¿podrían ser incluso la solución a la crisis climática? Para entender su importancia real, veamos cómo funciona el proceso de secuestro de carbono en los suelos.

¿Cómo almacena el suelo el carbono? 

Básicamente, el carbono llega al suelo a través de un proceso que aprendimos en la escuela y que es vital para la vida en la Tierra: la fotosíntesis. 

Las plantas absorben el CO2 de la atmósfera y lo convierten en O2, gran parte lo devuelven a la atmósfera y, el resto, lo transforman en energía. Esta energía la utilizan para crecer y, al tiempo, nutrir, a través de sus raíces, a los microbios (bacterias, hongos, protozoos y nematodos) que viven en el suelo. Éstos, a su vez, proporcionan importantes nutrientes a las plantas. Además, cuando las plantas mueren, los microbios del suelo descomponen sus compuestos de carbono y los utilizan para su metabolismo y crecimiento. 

Sabiendo esto, tiene sentido que un suelo sano, es decir, un suelo rico en materia orgánica y microbios, y que está cubierto en su mayor parte por plantas, sea también más rico en carbono… pero, por desgracia, este carbono puede volver a liberarse a la atmósfera. La cantidad de carbono que los suelos pueden absorber y el tiempo que pueden almacenar varía según el lugar y, lo que es más importante, también está determinado por la forma en que se gestiona la tierra.

¿Cómo libera el suelo el carbono?

Hoy en día, los suelos ya han perdido entre el 50 y el 70% del carbono que antes tenían. ¿Por qué? Porque casi la mitad de la tierra que puede albergar vida vegetal en la Tierra se ha convertido en tierras de cultivo y pastos con prácticas que degradan la tierra y exponen el carbono del suelo. El desmonte y la deforestación son los más obvios, pero también contribuyen a ello el exceso de labranza, el uso excesivo de fertilizantes químicos y pesticidas y el sobrepastoreo.

Pero bueno, señalar los errores del pasado no resuelve los problemas que ya tenemos: la crisis climática y los suelos en riesgo de degradación y desertificación. Así que centrémonos en la solución: gestionar la tierra de forma sostenible para que el suelo pueda volver a almacenar más carbono.

Entonces, ¿cuál es el papel de los suelos sanos en la mitigación del cambio climático?

Un estudio de 2017 estimó que, con una mejor gestión, las tierras de cultivo del mundo tienen el potencial de almacenar 1,85 gigatoneladas de carbono adicionales cada año, tanto como el sector del transporte mundial emite anualmente. Además, algunos científicos creen que los suelos podrían seguir almacenando carbono durante 20 o 40 años antes de saturarse. Aunque esto por sí solo no resolverá la crisis climática, es un complemento muy valioso para la solución global.

Además, el secuestro de carbono en el suelo es una forma natural de eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera, lo que significa que, si se hace bien, incluso beneficia a las personas y a la naturaleza con una mayor resistencia de los cultivos y una mayor calidad de los alimentos, un mejor almacenamiento de agua y nutrientes y una mayor biodiversidad.

Evidentemente, en la Manchuela, una región que tiene pocos bosques y mucha tierra agrícola, la mejoría en el almacenamiento de carbono de nuestro suelo ofrece un gran potencial para contribuir a la mitigación del cambio climático y, al mismo tiempo, también apoyaría una forma de agricultura más sostenible. 

¿Te preguntas qué prácticas contribuyen a conseguirlo? Estate atento a nuestro próximo artículo sobre este tema para descubrirlo.

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